Turismo sostenible y solidario en una reserva de África
A unos 45 minutos de Johannesburgo, en la provincia del Noroeste (Sudáfrica), los voluntarios se van relevando en un contexto de turismo sostenible y solidario.

Ayudan a los animales salvajes acogidos en el marco de los proyectos con animales en Sudáfrica, en Hartbeespoort.
En pleno corazón de un lugar excepcional declarado Patrimonio de la UNESCO, el santuario tiene como misión curar a los animales heridos o enfermos, o cuidar de las crías huérfanas. En contacto directo con especies a menudo frágiles y amenazadas, los voluntarios son un apoyo imprescindible para los profesionales que participan en el proyecto.
Trabajar en una reserva de África
El programa de voluntariado en refugio de animales salvajes se desarrolla en un entorno excepcional. Por desgracia, con demasiada frecuencia los animales son víctimas de la caza furtiva. Pero no solo eso. En la naturaleza, los adultos abandonan a veces a sus crías cuando son demasiado débiles. Otros simplemente están heridos, por ejemplo tras el ataque de un depredador. El santuario se ocupa de todos los males, grandes y pequeños, de los animales de dos o cuatro patas, con pelo o con plumas (elefantes, monos, aves, guepardos, etc.).
Turismo sostenible y solidario en Sudáfrica
Los voluntarios que participan en este proyecto en el refugio de animales en África trabajan a diario junto a los residentes, bajo la supervisión constante del personal. Preparar y repartir la comida y el agua, pero también cuidar de los animales, forma parte, por supuesto, de las tareas imprescindibles. En cualquier caso, el objetivo no es necesariamente poner en contacto a los animales con las personas: eso iría en contra de la conservación de la vida salvaje. Por eso, las interacciones se limitan a lo estrictamente necesario.
Tampoco hay que olvidar que trabajar en un refugio de animales salvajes implica también muchas tareas de mantenimiento de las instalaciones. Porque, para acoger a los animales con total seguridad, el refugio tiene que estar impecable. De la limpieza de boxes y recintos al desbroce del exterior, de la renovación de edificios a la construcción de vallas, nadie tiene tiempo de aburrirse. ¡Este programa de voluntariado internacional es para quienes no temen ni el sudor ni las agujetas!
Un proyecto de información y sensibilización
Más allá del cuidado de los animales, este proyecto de refugio tiene una dimensión de sensibilización mucho más amplia. Antes de nada, los voluntarios reciben una «formación» sobre las especies con las que tratarán durante su estancia: sus condiciones de vida en la naturaleza y en el santuario, los peligros a los que se enfrentan, etc. Además, parte del tiempo en el refugio se dedica a observar y conocer las especies. Del mismo modo, el santuario recibe visitantes con regularidad. Los voluntarios tienen un papel fundamental en su acogida y en informarles.
Un compromiso humano
Además, los voluntarios participan también en un proyecto comunitario. Dos o tres medias jornadas por semana, trabajan con niños huérfanos de la región. Es cierto que las actividades giran en torno a los temas relacionados con los animales del refugio, pero no solo. También se ayuda a los niños en todo lo relacionado con la vida cotidiana (higiene, convivencia), los deberes o el ocio. Los voluntarios participan además en el reparto de agua y comida y en las obras de renovación de las escuelas.
En resumen, no solo es una experiencia muy enriquecedora en lo que respecta al trabajo en el santuario, sino también una aventura humana intensa. ¡Una estancia inolvidable, te lo decimos!
La estancia en el santuario
Se invita a cada voluntario a quedarse en el lugar al menos dos semanas: es el tiempo necesario para ser realmente operativo. La mayoría de las veces, la estancia dura unas cuatro semanas. Que no cunda el pánico: ¡los voluntarios no trabajan sin parar durante 2 o 4 semanas! Los fines de semana se dedican al descanso y al ocio. Y en la región no faltan actividades. Los amantes de la naturaleza podrán recorrer la zona en bicicleta, en quad o en parapente. A los más fiesteros les encantará Sun City, no muy lejos de allí.
¡Aquí hace falta que te guste mucho la vida en grupo! El alojamiento es compartido y las comidas suelen hacerse juntos (aunque nadie está obligado…). ¡Solitarios y gruñones, absteneos!
Testimonio de Charlotte, voluntaria belga
«¡Mi experiencia de voluntariado me ha aportado muchísimo! Primero, muchos conocimientos sobre los animales del santuario, pero también otras cosas que no me esperaba, como ampliar mi horizonte cultural y aprender a conocer un país y una cultura que antes no conocía en absoluto. También es una experiencia increíblemente enriquecedora porque te permite conocer a personas de culturas diferentes llegadas de todo el mundo; recomiendo muchísimo esta experiencia a cualquiera que quiera ver otras cosas y ampliar horizontes. Recomendaría el santuario porque es relativamente pequeño (comparado con otros) y, por tanto, puede acoger a un número reducido de voluntarios. Creo que eso permite crear lazos más fuertes con el personal y con los demás voluntarios. El personal siempre está de buen humor, siempre dispuesto a responder a cualquier pregunta, con una sonrisa, y el ambiente es muy agradable. Te sientes como en casa y las despedidas son difíciles… ¡Recomiendo muchísimo esta experiencia de turismo sostenible y solidario!»
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